martes, 5 de noviembre de 2024

Ernesto Holman. La mágica pulsación de los dedos

 

La matemática es un canal que funde el universo, la naturaleza con sus organismos perfectos puede alinearse en orden estructural a pesar de que nada ni nadie haga pie en el esfuerzo de ignorarlo. La matemática está en todo y las formas que componen lo que conocemos como realidad navegan en el subconsciente con una tendencia a organizarse según su lógica sin azares ni pausas.

 

La matemática es intrínseca en la producción artística y ahí está la música y la pintura como ejemplos palpables de fundición inevitable. En estas dos áreas hay organización numérica estructural; en una pauta musical lenguaje universal de los músicos, pentagramas, notas, silencios, todo es ritmo numérico perfecto.

 

Pero está el Jazz y el gospel, los ritmos que provienen del África que asumen desde una libertad creativa y sensual el componente de su propia estructura de armonía, melodía y ritmo. Están también los sonidos guturales, los ritmos monocordes de culturas ancestrales provenientes desde el ombligo del vernacular existir más allá de la tierra que se conoce.

 

La música que se eleva de manera espontánea y colectiva y que se convierte en magia embriagadora reuniendo en los encuentros espontáneos o congregados por los espíritus de las creencias una mezcla fervorosa de las carnes y los huesos y las almas en formas de danzas o de éxtasis íntimos.

 

Ernesto Holman se encontró un día con la pintura caminando entre la luz de sus notas musicales, partituras e improvisaciones cual chamán sale a buscar respuestas en la montaña. Experto bajista este encuentro le golpeó tan fuerte como una alucinación percutida desde algún espacio misterioso del cielo.

 






 

El contrabajo eléctrico quedó a un lado por un tiempo y la música aquella vernácula que corría por su sangre empezó a figurarse, a tomar la forma de un aggiornamento donde se fundieron los misterios del universo ancestral, presente y futuro en un mismo soporte plano y mudo de una tela o un papel. Lo que era música dio paso entonces a una travesía que pretende explicar lo que no se puede explicar en el sonido pues eso solo se puede encontrar en el vacío y en el silencio, en el aislamiento desde donde se le hace el amor al silencioso misterio de la existencia.

 

Ernesto logró una producción equilibrada que deja un respiro curioso pero fecundo donde la explicación del todo deja espacio para pequeños capítulos divididos que dan cuenta de un camino que es mucho más alucinante que el silencio.

La experiencia de estar viviendo se cubre de formas musicales y de silencios, de buena música y de estridencias inaudibles y aun así existe la posibilidad de ser sujetos de una armonía que le da algo de velocidad juguetona a la pequeña particularidad tediosa de las rutinas.

 


 

 

Las figuras que surgen de su trabajo dan cuenta de algo que se encuentra en ese trance vertical tan perfecto como la matemática partitura cruzada por formas surgidas de la libertad que proviene de lo ancestral, de lo intuitivo, de la magia acumulada en educación oral que va de boca en oído por otros siglos y se propaga en formas de narraciones acompañadas de alguien que en silencio escucha atentamente.

 

Los tambores que se esconden en cada pulsación de dedos y mano sobre las cuerdas del bajo tienen también este campo de acción. Mientras una mano se ocupa de pulsear los trastes desde donde se forman las notas musicales la otra golpea dejando que se escape el sonido de esas notas generando un cruce vertical-horizontal que no puede componerse en forma pictórica pero no puede negar su estructura de equilibrio que generará una obra de arte con melodía y ritmo.

 


No es tema importante si es en forma de pintura en acrílico o usando herramientas digitales la expresión o la abstracción son siempre una forma de eludir con valentía la realidad. Es en cierto modo crear otras realidades a partir de escapar de la que se conoce. Una forma de renacer de manera permanente y persistente que hace del arte algo inacabable.

 

En este sentido la obra de Ernesto Holman propone un abstracto con códigos que hay que interpretar, invitan a un descanso de la mirada y hacen de la observación un juego placentero que abre las puertas, las ventanas, los ojos y los oídos hacia una nueva explicación de las cosas. De las que nos congregan y de las que nunca sabremos que existen, pero de algún modo nos dicen que podemos estar en paz.

 

En fin, quien inventa le regala miles de años de luz al mundo.

En eso anda Holman cuando crea una partitura libre para una nueva pintura.

 

 

Guillermo Grebe

elartwriter

viernes, 21 de octubre de 2022

Token

Algoritmos, cadenas de bloques, criptomonedas. El nuevo renacimiento,

No hablemos de arte aún, hablemos de Meta verso y de cómo el sólo hecho de hablar  de este asunto nos abre las puertas a un mundo que transita en paralelo al que hemos vivido las generaciones que ya pasaron los 50 años y el que conoce la mayoría de las personas. El meta verso no es un concepto maduro y más elaborado para redefinir el Mindcraft de hace una docena de años para luego convertirlo en un universo aparte virtual y tangible a la vez, el meta verso es esencialmente una redefinición del concepto del deseo individual que se socializa en una comunidad cuyos valores tienen que ver con la descentralización del poder. Es como la cristalización de una nueva democracia en donde los individuos diseñan una nueva forma de civilización.

 

Estamos ante una revolución que está muy lejos de interesarle tener prensa o marcar pautas colectivas y doctrinarias del tipo militante; todo lo que sucede en este terreno es nuevo, sucede, se siente, se comparte a pesar de lo fáctico y de lo ético normado hasta hoy. Es una nueva ética de las cosas, una nueva manera de lenguaje en donde las pantallas y la transmisión de códigos de núcleo son básicamente digitales.

Cuando hablamos del poder hablamos de datos, cuando pensamos quien tiene el poder se habla de alguien que accede a ellos, los posee y a partir de ahí provoca cambios que van desde lo emocional individual hasta lo político-social .

Así se está dibujando el mundo hoy pasando a través de los dedos sobre una pantalla de un celular.

 

Hace ya un par de meses vengo estudiando este naciente universo paralelo algo silencioso pero veloz y frenético y de cómo impacta a la cultura de lo habitual, lo conocido y aprendido, intentando mantener distancia de los prejuicios a priori y me ha parecido mucho más interesante y alucinante que sólo tener una simple opinión sobre los NFTs (Not Fungible Toquen) y los espacios digitales o del ciberespacio donde habitan.

La verdadera revolución no está en su existencia sino que en la percepción del valor que los coleccionistas del arte les asignan. No son las obras en si mismo sino que es el poder de definición que proviene de un deseo de ser auténtico e independiente de una hegemonía histórica que determina que es arte valioso y cual no lo es.

 

En ese contexto la relación de adquisición de una obra de arte digital adquiere su valor en cuanto satisface un deseo que va más allá del gusto o del cálculo proyectado en el tiempo sino que más bien es denotar esa parte de libertad esencial de participar en este nuevo Mindcraft esta vez de manera real y con una nueva consciencia sostenida en una descentralización del poder de las elites que le han otorgado distancia inmaculada al arte como manifestación humana exclusiva para unos pocos.

 

Esta sucediendo y lo están viendo algunos cuantos pero este giro en la historia del arte es un nuevo renacimiento que va de la mano de un cambio epocal irreversible.

La pregunta que hay que hacerse es ¿qué pasará con los pintores, escultores, artesanos, grabadores que siguen trabajando en el mundo análogo tridimensional?, ¿Desaparecerá el concepto de valor de lo manual?, ¿la velocidad de las cosas que provoquen los cambios serán solo digitales?

 

Estamos en eso ahora, responderse estas preguntas es fundamental. Incluirse en este mundo paralelo y entenderlo como real y natural es parte de los desafíos que tenemos los trabajadores y pensadores que trabajamos en las industrias creativas.

 

Finalmente les comparto este reportaje que estimo de real interés para quienes se están abriendo a entender esta corriente de expresión artística y su relación con las personas que la están valorando. 

 

 


 

domingo, 15 de mayo de 2022

Sheila Blanco. la libertad es no tener miedos

Ayer 14 de Mayo del 2022 se presentó en Chile, Sheila Blanco la compositora, cantautora, cantante y poeta española más conocida por estos pagos como la simpática YouTuber creadora de los famosos BioClassics. Como precedente del cartel de fama no es banal pues Sheila nos acompañó con esos videos viralizados durante los años de pandemia, pasados de contacto en contacto hasta alcanzar más de un millón de visualizaciones y más allá de quedarnos en los números en el país del Excel, lo que cuenta aquí es que esa fama se acompaña con la educación de escuchar la música, la que cura, la que despierta, la que abre los caminos creativos y deja los corazones con la quietud dulce y mansa que solo puede encontrarse en la belleza.

Pero no, ayer Sheila Blanco vino a contarnos una historia muy distinta a esa fama youtuber cantando a las poetas del 27. Mujeres que escribieron poesía en paralelo al tiempo más fecundo de la poesía española del Siglo 20.  Mujeres atrevidas que venían andando al lado de Lorca, Alberti, Guillén, Cernuda, Alonso, Aleixandre y tantos otros curtiendo las pieles desnudas del silencio y de la invisibilidad de sus obras por ser mujeres distintas o peligrosas todas ellas fueron borradas de la historia de la literatura de España por el régimen de Franco y que hoy podemos conocer gracias al gran trabajo realizado por esta iluminada música de Salamanca.



Las mujeres tienen muchas curiosidades para el mundo patriarcal, cosillas extrañas y un poco inexplicables y tal vez es porque quienes intentan explicar las funciones de la lógica cartesiana a través del lenguaje son y han sido siempre hombres. La lengua regulada desde la Real Academia Española de la Lengua fundada en 1733, aquella institución tan hierática como juzgadora de la realidad que es donde se esconden las palabras como juicios de hecho reconoce a Carmen Conde como la primera mujer integrante recién en 1978.
Estas curiosidades que hablo tienen que ver con acciones no valoradas por ser precisamente revoluciones antes de tiempo, acciones del empoderamiento de sus miradas y versión del mundo, de las vidas que se viven, de los sueños, de las guerras internas profundas, todas ellas sin pedir permiso de nadie. Simplemente se hacen porque las mujeres tienen esa capacidad de entender la libertad como la ausencia absoluta de todos los miedos.

Esto le pasó a todas las “sin sombrero” entre las que se destacan Rosa Chacel, Elisabeth Mulder, Concha Méndez, Carmen Conde, Margarita Ferreras, Maria Zambrano, Josefina de la Torre, Ernestina de Champourein, las atrevidas poetas del 27 quienes en su caminar silente y escondido en papeles guardados por sus familiares, ediciones pequeñas y clandestinas, vidas en el exilio crearon espacios de realidades nuevas revistiéndolas de belleza y honestidad capaces de nadar a pesar de todos los silencios del mundo.

Y como todo no es eterno, hoy podemos descubrirlas gracias a un delicado y riguroso trabajo de investigación realizado por Sheila y que culmina con la musicalización del poemario de algunas de estas creadoras logrando una atmósfera de complementación cómplice tanto con los poemas como de la época y los lugares donde ellas existieron algunas en esa macabra y dura España y otras en el inevitable y doloroso exilio.
Lo que hay en este trabajo de Sheila Blanco es dar valor a la dignidad de aquellas mujeres poetas que  intentaban relatar ese mundo que transitaba con ellas pero sin ellas, que construía una idea de país bajo la brutalidad de una dictadura fascista-católica con ellas perseguidas y calladas, anuladas para los libros que irían a formar al nuevo españolito que vienes al mundo te guarde dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón como decía el maestro Machado.

Descubrirlas hoy es un regalo que llega en el mejor momento para nuestro mundo, ahora que aquellos censores tan machos como torpes se van cayendo a pedazos, ahora que es cuando las mujeres toman los cuernos de los toros para acariciarlos y guiarlos con fuerza e inteligencia hacia la gran transformación justa y necesaria y que también nos incluye como musos, y que también las incluye como musas y no estoy hablando del feminismo, simplemente estoy intentando retratar a un mundo compuestos por personas más sensibles y respetuosas de la otredad y del gran derecho humano de tener un contacto que haga el bien para todas y todos.

Y descubrirlas además a través de la voz y la música compuesta especialmente por Sheila es aún más significativo y noble pues ella se ha colocado junto a las sin sombrero a la par como si estuviera caminando ese sendero a veces todo rojo y a veces con una franja oscura en el horizonte, o nadando en los cuatro versos de Concha Méndez o simplemente estar así, sola en el universo en el centro como una sola y grande estrella acompañada por un piano, una voz privilegiada y un intenso amor por la poesía que viene llegándonos de estas poetas rescatadas del olvido.



Y por último también es simbólico. La libertad es no tener miedos y también es enfrentar los riesgos: Hacer esta gira, cruzar el atlántico a Sudamérica y compartir este trabajo en Colombia, Perú, Argentina, Chile y Uruguay es sin duda un riesgo que valía confrontar el desconocimiento así como aquellas mujeres del 27 lo hicieron en vida. Sheila, solo conocida en las redes sociales en nuestro país, llegaba a Sudamérica con un trabajo desconocido de poetas mujeres desconocidas incluso en España, algo que refleja el arrojo de la acción y convicción del dar a conocer como el único motor que puede darle un sentido a la relación del arte con las audiencias.

Nuevamente y reitero textual; ese arrojo de la acción y convicción del dar a conocer son las acciones que encierran certezas, acciones del empoderamiento de las miradas y versiones del mundo, de las vidas que se viven, de los sueños, que se sueñan para que la verdadera transformación sea efectivamente una revolución real para estos tiempos y este planeta que lo necesita con urgencia.
Por eso gracias mujeres sin sombrero, gracias infinitas Sheila Blanco.


Guillermo Grebe
elartwriter
 




martes, 3 de mayo de 2022

La Le(n)gua popular de Lulo Arias: La Rapoesía fluorescente del nuevo tiempo

Decía ese cuento bello, que en algún lugar de la Mancha, vivía un anciano de sobrenombres imprecisos que peleaba contra molinos de viento, se enamoraba de imposibles y creía que su frágil y huesudo viejo caballo era un blanco corcel. Un hombre flaco, que algo sabía de los sueños imposibles y que se convertiría , con el paso inevitable de los tiempos, en el gran héroe de las derrotas más bellas, tiernas e inolvidables de la literatura universal.

Ese lugar de la vieja España, la Mancha, en Castilla la Vieja, es como el territorio del despertar de las palomas que vuelan en toda poesía de habla hispana. Desde que Cervantes fundió la palabra con la épica y la dignidad de la existencia humana enfrentada a sus fantasmas, vacíos, destellos y sombras, el sueño como una verdad invertida y la realidad como un espejo mustio y opaco.

La Mancha llana, la manchega llanura, también es como aquel despoblado pueblo que se prolonga entre los lectores que amamos la deconstrucción de la realidad a partir de lo que nos juegan las palabras sobre un papel. Es tal vez ese terreno físico anhelado, adonde tejer las aventuras que jamás viviremos y que se las asignamos a los Quijotes que escondemos dentro de cada una de nuestras almas. Nada más hermoso que inventar la realidad, pues sabemos que ésta nunca existirá si no existe la palabra antes.

La palabra crea realidades, es una frase a estas alturas archi reconocida y repetida, pero cuan profunda y brutal es! Las palabras a veces mal dichas entonces son un obstáculo para provocar realidades compartidas, las bien dichas entonces serían parte del anhelado vínculo con otro-otra, una manera de advertir que hay vida entre las personas.

Algo de esto y mucho más tiene la palabra cuando la dice, la escribe, la canta y la dibuja Lulo Arias - un artista cuya especialidad es crear realidades de manera yuxtapuesta-  entre estas variantes de la comunicación humana: El canto, la dicción, la escritura y el dibujo. Todos con una asombrosa y sofisticada afinidad.

Lulo es desde hace muchos años un líder en todo este oficio y se lo toma con la misma velocidad de ejecución cuando rapea y cuando dibuja, la misma lucidez y naturalidad sostenidas en un lenguaje fino, sencillo y a la vez estético, haciendo que cada una de esas acciones tengan valor en sí mismo y un impacto amoroso que proviene de su nobleza y extraordinaria capacidad creativa.

 

Legua York

El hip-hop es una estructura que reúne música y poesía, ambas contenidas en un ritmo tan establecido como la métrica de fraseo del 4/4. Es un modo de expresar tan concreto como lleno de códigos, que son como llaves especiales que obligan la detención del ritmo desbocado de lo vacuo y liviano, para darle paso a lo que más importa: la atención. Llamado de atención, porque aquí no hay simplemente una estructura y un ritmo, aquí se presenta de manera directa, transparente y reflexiva la palabra de un territorio, de un barrio, de un lugar específico urbano que alberga a gente que empieza a fluir del imaginario a lo real a través del poeta que rapea (rapoeta).

De alguna manera el hip-hop es una versión modernizada del canto a lo humano y a lo divino, que se cuela en la distinción e identidad de cada sector de un determinado territorio. Siendo el lenguaje de realidades más preciso que un minuto de mapa y más humano que un catastro de censo.

Gustavo “Lulo” Arias crea junto a dos  amigos “Legua York”, una de las bandas de Hip Hop más icónicas e influyentes de Chile, y quienes desde1997 representan una perspectiva de horizonte que canta las realidades de ese lugar de Santiago llamado La Legua.

 


 

Entre La Legua y Nueva York, según Lulo, existía ese afán de parecerse en cuanto a que entre estos dos lugares tan equidistantes, la cultura de las métricas y narrativas de la rapoesía se hermanan desde las mismas precariedades y anhelos de justicia y dignidad. Así es que segregación, pobreza, droga, marginalidad y delincuencia entran a la pista con el mismo pie forzado que la educación, el reconocimiento y respeto del fenómeno intercultural que proviene de la integración migratoria, la vivienda y vida digna para ser en su conjunto un escudo unitario de la sobrevivencia.

El parecerse desde la resistencia es precisamente el campo de globalizar lo local y viceversa. De intercambiar sueños y esperanzas, de limpiarse las lágrimas y de seguir creando, por eso el origen del nombre de la banda más que sonar irónico es umbilical pues los lugares donde emergen estas formas de conectar pueden finalmente siempre ser aquellos lugares como La Mancha, cuyo nombre para ciertos personajes poderosos es preferible no recordar y menos nombrar.

Escuchar a los Legua York también acerca un poco a la memoria a la Lira popular. Esta,  tomaba la tradición de los poetas y cantores del campo, trasladándola desde el lenguaje oral al escrito, llegando a tirajes de miles de hojas "imprentadas", que se distribuían y voceaban en las ferias, las fondas y los suburbios por donde transitaban los y las ciudadanas. De alguna manera u otra, esa lira popular hoy es un regreso a la oralidad cantada en las micros o el metro cuando chicas y chicos rapean acompañados de sus tumtum y sus parlantes elocuentes, que alimentan con su voraz voz popular la inmovilidad de los pasajeros enchufados alienados en sus vidas audifonadas.

 

El dibujo como rapoema

 

Hay algo que puede pasar como parte de la inmensa e incombustible capacidad creativa de Lulo  y es que dibuja como habla y como escribe, al mismo tiempo. Más bien hay un acontecer persistente en él que lo implica en la relación con el generar valor en los vínculos de manera permanente utilizando todas las herramientas que pueda tener a mano. Así como lleva consigo el poema urbano también lleva lápices, cartones, hojas, cajitas de remedios desechadas, bandejas de queques que saca a relucir mientras los demás conversan y en silencio comienza a repartirlos en formas de regalos que son espejos del momento.

Entonces ahí aparece un acontecimiento nuevo, ahí se abre su caja de pandora y se despliega en toda su magnitud una forma de lenguaje que conmueve porque descompagina las métricas de la lógica relacional entre las personas; ahí hay un hombre que es niño a la vez, y que es poblador, que es arte, que es vecino, que es padre, amigo, poeta, cantor, concejal, político, en fin; un hombre bueno que es feliz revolviendo el gallinero de los cotidianos regulares y verticales.

 





 

Es como si el pensamiento lateral saliera a dar un paseo sin problema alguno con la velocidad del acertijo, la picardía criolla, la vuelta de tuerca del momento convertido en seres fluorescentes captados e inmortalizados por los sentidos de Lulo.

Estamos frente a una manera de hablar y conectar por medio del dibujo a mano que no es saga cómica, no es historieta, no es retrato, no es caricatura. Lulo Arias es dueño y señor de una manera de comunicación única, original e inédita que nace de una pulsión de un lenguaje construido todo en uno: rap, letra, ritmo, música, poesía, color, trazo, dibujo, relato en lugar de la construcción de una frase que espera ser respondida por algún interlocutor. La realidad construida por tanto es una particularidad iluminada, encerrada en la intención de una nueva forma de lenguaje, a la cual tal vez podríamos clasificar como la rapoesía fluorescente capaz de cruzar toda intención de normar lo que ahí se está diciendo. La rapoesía fluoerescente es un dibujo instantáneo que concentra un segundo captado y que luego se interpreta en tiempo real lo que Lulo demora en dibujar y colorear (entre 1 y 3 minutos).

 






 


 

Pero esto no es todo. En este constructo existe la cultura popular como eje que le da movimiento y sentido. Humor, sátira, ternura, mensaje social y político, las formas de una disrupción necesaria y a la vez cruenta porque esconde en si mismo una forma de vincularse en estos tiempo de transformación profunda incluyendo a la poesía, aquella inmanejable e inclasificable forma de contar el cosmos y el caos o de ponerle agua pura a las cosas para que florezcan nuevas como nuevas formas de lo desconocido para hacerlas amables e integradas.

 

Las maneras que tiene el arte para inmiscuirse en la vida normal de los humanos siempre estará tensionada por la deconstrucción de la realidad ya que el arte deja ahí la nueva palabra que remueve todo. La palabra en colores, en trazos, en soportes distintos a los que brotan de la boca o el papel. La palabra es un fusil y una rosa a la vez, la palabra se guarda en cajitas y en bolsitas ziploc y duermen al lado de un quijote posmoderno llamado Lulo Arias y su mujer y sus hijos en un departamento de La Legua y desde ahí se van levantando al mundo como aquellos molinos de viento o cabalgando al lomo de Rocinantes que llenan el vacío inestable de las incertidumbres diciéndonos que es viable y necesario soñar, abrir, hacer, para que la rapoesía fluorescente sea tal vez la única herramienta que nos reúna como una sociedad más hermana y hermosa. 

 


 

 

Guillermo Grebe

elartwriter


 

martes, 6 de julio de 2021

Mario Ángel Figueroa: Crónica de la expresión No abstracta de la Plaza Dignidad

La mano de Mario Ángel Figueroa fluye en el mapa de un soporte plano teniendo solo como único vaivén la emoción del gesto que acaricia con color la serie de acontecimientos que sucedieron durante octubre de 2019 a Marzo de 2020 en Plaza Dignidad de Santiago de Chile  no es lo que clásicamente podría definirse como la de un pintor de la Escuela de la expresión abstracta puesto que lo que vemos ahí es una crónica orgánica del movimiento cargado de los elementos reconocibles que la componen como particularidades reconocibles que provienen de la experiencia del recorrido personal del autor como parte de esos acontecimientos, su historia como miembro de la tribu que marcha sumado a la influencia de los medios audiovisuales que desde lejos captan lo que sucedió ahí en esas fechas.

 

Las cargas simbólicas que inspiran esta interminable serie provienen de lo vivido y de las gráficas de la épica y del entorno, los drones que ayudan a la construcción de un mapeo mental del plano urbano refundado en la multitud, los distintos puntos de fuga, las carreras de los manifestantes arrancando de los pacos, los bailes, los neones, los cantos, el multicolor disfraz de los antifaces todos ellos contenidos en el silencio omnipresente de una época de la ciudad inmaculada y tomada por el control.

 







 

 

Esta irrupción de la forma representada como pintura se sale de lo académico y la clasificación del estilo poniéndose en un lugar reconocible y re significado. La realidad acontece en el lenguaje,  pero aquí se libera de manera muy natural un corpus lingüístico, un conjunto amplio y estructurado de ejemplos reales de uso de la lengua tanto escrita como oral, tanto urbana como rural. Mario genera ese cuerpo de realidad a partir de referencias populares y semióticas tan dinámicas como escondidas en el consiente político de un colectivo espontáneo cuyo génesis es el de un estallido social. Y eso está muy lejos de ser abstracto o simple ejercicio de color sobre el papel.

 






 

 

Las obras son pequeñas y no están pensadas para su exposición puesto que están contenidas en un cuaderno anillado como bitácora del tiempo, como crónicas o relatos de reportaje de actualidad retratada pero a la misma vez contenida y clandestina como si fuera el libro de vida guardado, secreto y pudoroso. El formato y sus soporte no son al azar, no es que sea así por falta de recursos. Es así porque la relación con el motivo es idéntico y cómplice de una manera de crear en el silencio y en la distancia de un modelo que propone un tipo de arte realista o expresionista que solo funcionaría en los espacios conservadores de galerías y museos, espacios bastante distantes de lo que Mario Ángel Figueroa nos está contando desde su cuaderno, su cajita secreta donde esconde ese corpus lingüístico.

 

Aquí hay una lucha por dignidades humanas en el espacio baldío y triste de una sociedad que tiene a invisibilizar y estigmatizar la rebeldía como si fuera una anécdota pasajera. Entonces no queda otro camino que llenar de color y movimiento expresionista las hojas de un cuaderno para hacer de él un tesoro de la memoria, la hermandad y la siempre hermosa reunión intercultural y multigeneracional que florece en el campo de una nueva unidad popular.

instagram: mario_angel  https://www.instagram.com/mario_angel/?hl=es

 

Guillermo Grebe Larraín

elartwriter


viernes, 14 de mayo de 2021

Coco González Lohse. La tierra cuando fluye

« Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra ». —Génesis 12:1-3.

 

Así habló Yahveh a sus descendientes; la tierra prometida tenía no sólo una configuración de limitaciones físicas (el Neguev y junto a la costa del mar, a la tierra del cananeo y al Líbano) si no que además era parte de una idealización de la libertad de todo un pueblo perseguido, la carga de una herencia de esperanzas al pueblo judío en tiempos faraónicos, sometidos al dolor y a la muerte.

No hay esperanza sin una descendencia que pueda labrar la tierra nuevamente, crecer, estar, ser.

 

Algo se esconde ahí en la Tierra prometida de Coco González Lohse. Algo que sostiene literalmente el paisaje cual palabra divina incluida además como protagonista inmersa en el entorno.

 

La Tierra prometida es una nueva entrega de estas observaciones que oscilan entre el minimalismo del objeto (son cuadros de 15 x 20 cms) y la magnitud espacial de lo que se pinta, es decir el paisaje en su holística dimensión se traba ante el ojo del espectador abriendo el campo a la necesaria perplejidad del territorio vulnerado que es Chile, el país con las esquinas rotas con vista al mar o esa cornisa permanente y fatal de donde colgamos todas y todos.

 




 

 

Coco González es un observador único, métrico, sutil, sensible devorador de esquinas sinuosas y rincones que no dicen nada aparente pero que al ser tocadas por su ojo inquieto cobran una vida nueva como haciéndole el quite al desmayo de la memoria.

Busquilla de piezas olvidadas en el tiempo y juguetes oxidados que son como las cabecitas de los fósforos de Los Andes o las marcas que dejó ese POP de los 80s del cual es un leal y digno representante, depositario además de lo que se quedó por decir o lo que se dijo hasta el hartazgo en aquellos años y los venideros.

 

Hay un sonido del silencio en la obra de Coco, algo que nos hace entrar en los túneles propios, oscuros como metáforas de nuestros territorios repartidos que están bastante lejos de lo que vemos.

Ese silencio de campos del hielo sur o el desierto-desierto, los temibles vientos patagónicos o que se encuentran silbando fuerte entre los Andes, las mareas interminables gigantes del estrecho de Magallanes, o los edificios que son como hoyos negros emplazados en nuestras pequeñas ciudades incomprensibles y llenas de sentido común.

 

Si hay algo que cruza la pintura de muchxs pintores de la generación del Coco es la oscuridad, ese negro betún con viridian, carmín y azul prusia que aprieta o inunda la forma que intenta ser liberada. No es azaroso este punto y tampoco es un detalle menor; así como los pintores románticos franceses de fines del S. XVIII, la humedad, la niebla, la oscuridad que reinaba ponía una tensión de inesperada vergüenza humana en cada obra, en el caso de muchos de las y los pintorxs chilenxs de los 80, es también una manera de sucumbir al vacío o al reconocimiento del existir, tal vez con esa cuota tan necesaria de romanticismo épico y precario a la vez.

 





 

 

En esta nueva obra del Coco se nos viene todo aquello nuevamente con una tensión notable y de una alta concentración poética de un silencio que busca gritar desde esos rincones que pocos ven o habitan. Hay algo que se esconde en nuestra historia, que se devela aquí, desde lo oscuro invisible que fluye de ese realismo-sur del sur del mundo, algo que se complejiza con la palabra que aparece ahí: Ética, Virus, Raza, Pena, Olvido, Caduco, Duda. ¿qué son esas palabras? Lo que es? Lo que falta? Lo que subyuga, lo que libera?

 

Que son las palabras sino fusiles en la sien de los autómatas y más aún, que son esas palabras en las derivas de nuestros territorios vacíos de muchedumbre que solo están vivos porque están vírgenes de nosotros mismos?

 

Aquí la Tierra prometida que nos propone Coco González Lohse adquiere la magnitud que trasciende el momentum nos llega en pequeño formato como lágrimas o como portadas de un libro pequeño en donde se escriben nuestra vidas, las pasadas, las presentes, las que vendrán.

 

https://cocogonzalezlohse.blogspot.com/search/label/PINTURAS%20DE%20BOLSILLO?m=0

 

 

Guillermo Grebe Larraín

Elartwriter

 

 


jueves, 7 de enero de 2021

Piel Zoom. Retratos con sentido y razón

Muchos rostros se mueven en pantalla. Algunos en el silencio opcional del botón del zoom, otros semi cortados por las bajas de señal del wifi y con el audio entrecortado.

Otros prefieren una letra o una foto que los borre del espacio extraño de la reunión telemática; traumas del ojo escondido en la desesperanza humana de una reinvención obligada.

Quizás cuantas otras cosas pasan por debajo de la pantalla y sin embargo están ahí los retratos moviéndose en el paño de la pantalla, el canvas RGB brillante de un celular o un computador.

Personas en meet, en el teletrabajo, en salas de clases que no son salas más bien son espacios íntimos teñidos de algo que más bien debiera ser y no es.Muchos rostros unidos entre sí también son las distancias efímeras y gigantes unidas entre sí, horas diferentes unidas entre sí, todas en un instante formando parte del acuerdo de un encuentro.

 


 

Transferir esta realidad  a un trabajo de pintura es un gesto de humanidad primero y en seguida es un acto de observación extremadamente refinado y sensible y es quizás lo más relevante que me ha tocado experimentar este año como colega artista y como espectador de la elaboración de la obra de arte.

La muestra Piel Zoom de los artistas José León y Rodrigo Cociña nos llena de pantallas que cubren ese vacío de la esperanza del tacto imposible, tan vívido como angustiante del año que vivimos presos del COVID-19. Eso lo acerca a una explicación de la pulsión humana más básica que es sentir al otro-otra, fundirse en los encuentros, romper el cerco de la distancia social o íntima entre dos o más seres humanos.

Pintar las multipantallas, me refiero al pantallazo del computador como modelo de naturaleza muerta, pareciera ser algo esperable en cuanto a la ejecución o interpretación mejor dicho. Lo maravilloso que tiene este trabajo es entre otras cosas el acto de pintarlo así de brutal como a su vez así de puro y noble porque para pintar el todo es indispensable separarlo.

Así cada cuadro representa a una persona en su soporte solitario que es algo mucho más fuerte y desgarrador que la unicidad.

La pintura nos permite reencontrarnos en el vacío del ser auto filmados para un encuentro con otras y otros.La pintura entonces nos hace vernos alejados de esa lógica que determina el formato líquido y brillante de la pantalla para devolvernos a esa blanda realidad de la vida cotidiana llena de miedos y sorpresas.

 

 





Rodrigo Cociña además pinta en el suelo sus retratos. Como un niño que pinta con tempera en su dormitorio. Ese detalle también es significativo en cuanto al cuerpo modelado ante el trabajo del retrato tradicional donde la postura corporal es de pie ante un espejo o ante un modelo.

Hacerlo en el suelo es la poesía de de construir la angustia del rostro empantallado y recrearlo en la inocencia del tiempo que le tocó a ese rostro, el momento que estuvo ese rostro al lado de otros, encerrado por otros y separados entre barrotes móviles de los pictures in pictures cual monos animados al azar dictatorial del mouse.

La pintura nos permite reencontrarnos en el vacío del ser auto filmados para un encuentro con otras y otros.La pintura entonces nos hace vernos alejados de esa lógica que determina el formato líquido y brillante de la pantalla para devolvernos a esa blanda realidad de la vida cotidiana llena de miedos y sorpresas. 





 

Ver todo este despliegue de imágenes congeladas de los rostros  pintados es impactante pues la pintura no deja de tener su sentido de gesto a tal punto que la des-figuración es finalmente lo desfigurado de la situación que la motiva, el modelo es ahora si, una razón para la disrupción y la rebelión urgente al dolor del encierro.

Y eso no es ni más ni menos la manera más precisa, noble y honesta de decirnos que nos necesitamos más que nunca.

 

Guillermo Grebe

elartwriter   

 

La muestra Piel Zoom de José León y Rodrigo Cociña

estará abierta durante todo enero de 2020

En la Galería Montegrande

Victoria Subercaseaux 295